Storytelling: qué es y cómo utilizarlo

Cuando estaba en la Facultad (allá por el Pleistoceno), la profesora de teatro contemporáneo siempre nos contaba anécdotas ad hoc que su amiga Julita había protagonizado en los tiempos de la dictadura y posterior transición. Y nosotros siempre nos preguntábamos si Julita realmente habría existido o era un personaje entrañable con el que nos introducía conceptos que nosotros solo conocíamos de oídas. De aquellas, no lo sabíamos, pero las anécdotas de Julita eran una forma de storytelling

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¿Qué es exactamente el storytelling?

Las definiciones que se leen hoy en Internet sobre qué es storytelling son más o menos así: «contar historias creíbles que sirven para ilustrar el contenido que se está compartiendo. Historias que están adaptadas a la audiencia en concreto para que asimilen la información que se quiere compartir, añadiendo además un componente emocional.»

Pero como, decía Macario, el muñeco aquel de Jose Luis Moreno el ventrílocuo: «Me lo explique».

  • Se trata de una historia realista, es decir, que tiene que parecer auténtica aunque no lo sea.
  • Es un recurso persuasivo: su intención es la de convencer a la audiencia mediante una historia ejemplificadora.
  • No solamente informa de un hecho, sino que crea una emoción en el receptor.

Nuestras madres, de toda la vida, se han pasado nuestra infancia aplicándonos el storytelling, y nosotros sin enterarnos.

Ellas trataban de persuadir a su audiencia con ejemplos que les diesen la razón, la perra gorda y lo que hiciese falta, que para eso eran nuestras madres.

Y la audiencia, por su parte, no solo se sentía conectada emocionalmente, sino que se iba por la pata escuchando el storytelling de su abnegada madre.

Porque, un niño de siete años, ¿con cuál de estas dos historias puede conectarse más emocionalmente?

«Hijo mío, no comas tantas chuches, que según las investigaciones científicas tienen mucho azúcar y te pueden provocar diabetes… bla, bla, bla…»

O, por el contrario:

«Una vez conocí a un niño que, por comer tantas chuches, un día amaneció con cara de gominola de botella de Coca-Cola, nariz de pitufo y cables de regaliz rojo en lugar de pelo.»

Vale, uno de los requisitos del storytelling es que se trate de una historia «creíble». Pero, ¿qué no resulta creíble para un niño de siete años? A mí, si mi madre me decía que por comer espinacas se me pondrían los ojos verdes, yo ya me veía cual náyade becqueriana al segundo mordisco. 

Tengamos en cuenta que el recurso de contar historias emotivas para persuadir a la audiencia se remonta ya a tiempos inmemoriales. Sin ir más lejos, «Caperucita Roja» se gestó como ejemplo de lo que te puede pasar si no escuchas a la autoridad materna y te vas por el camino que no debes en el bosque. Lo más normal del mundo: que acabas, junto con tu abuela, devorada de un bocado en el estómago de un lobo.

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Un narrador de confianza

La influencia que tenga el narrador sobre la audiencia también puede ser un argumento de peso para que la historia capte su atención y se la crean a pies juntillas. 

Si creen en ti, si confían en tu experiencia en el campo, no se cuestionarán demasiado profundamente si la historia que cuentas es realmente cierta o no. Si la cuentas tú, será verdad. O no. Pero no importa. Porque eres tú.

¿Os acordáis de aquellos anuncios noventeros del alemán y el italiano que se encontraban en un tren, uno llevaba salchichas y otro queso, y allí mismo inventaban las «salchichas rellenas de queso»? Puede que la marca fuese Campofrío, aunque no lo recuerdo bien. El caso es que a nadie le importaba si estos dos señores se habían conocido realmente en un tren y habían intercambiando vituallas. 

El hecho es que las salchichas rellenas de queso venían de la mano de una marca conocida, así que tan malas no podían ser. Y te las comías con ketchup, y estaban bastante bien, y antes de darles el último mordisco, ya se te habían olvidado los señores del anuncio que iban en el tren.

Y más peso aún si la que te cuenta la historia es la madre que te parió, sin ir más lejos. Los niños no pueden levantarse un día con nariz de pitufo y cara de gominola de Coca-Cola, mamá. No pueden. Eso es imposible. ¿Verdad que no pueden? ¿Verdad? Vale… por si acaso… esta semana no vamos a comer más chuches… Porque mira que si mañana nos levantamos con cuerdas de regaliz rojo en lugar de coletas. ¡Yo paso! ¿Y tú?

Una historia auténtica

Fijaos que no digo una historia «real» sino «auténtica». Vamos, que aunque no dé la impresión de haber sucedido exactamente tal cual, al menos debe de ser creíble.

Hoy en día nuestro nivel de exigencia es un poco más elevado que en los tiempos de los niños mutantes a base de gominolas o las recetas internacionales surgidas surcando Europa en tren. 

La publicidad está llena de personas auténticas que protagonizan hechos auténticos. Los anuncios de Dove utilizan modelos auténticas, tal y como son las mujeres de la calle. Ya no se muestran familias perfectas con manteles impolutos y niños con cara de no haber roto nunca un plato. Los niños de los anuncios tienen los morros sucios de ketchup, y sus papás y mamás caras de cansados.

Y es que así es la vida: esencialmente imperfecta. Pero en esas imperfecciones es donde se encuentra la realidad. ¡Aprovéchala para contar tu historia!

El mensaje que quieres transmitir

El mensaje de un buen storytelling no solamente transmite una historia basada en cifras y en hechos, sino una emoción.

¿Quién no ha sufrido alguna vez un jamacuco en el cine, viendo una peli de terror en la que repentinamente aparece el asesino, zombie o fantasma? Y ya, ya, ya sabemos que es una película, que no es verdad, que son actores disfrazados, pero… ¡qué miedo!

Si eres una señorita ñoña como yo, seguro que también habrás llorado alguna vez leyendo una novela (algunos señoritos ñoños probablemente también lloren, lo sé, pero ese es otro tema que se escapa a mi conocimiento). Sí, sabes que toda esta batallita salió de la cabeza de Jane Austen, o las hermanas Brönte, o llámalo X. No es real, es una historia inventada, pero… ¡qué lagrimones!

Ahí está. Estas son historias que te han provocado una emoción. Y esto es lo que tratamos de conseguir con el storytelling aplicado al blogging. Evidentemente, a ser posible una emoción diferente al miedo o la tristeza, pues no queremos que nadie salga huyendo ni llore a mares leyéndonos. Pero sí una emoción con todas las letras. 

La conexión entre narrador y narratio

El narrador es, como ya bien sabemos, el sujeto de la narración, el que cuenta la historia. Pero toda historia tiene un objeto, un destinatario, que es el público, la audiencia, o llamado «fisnamente» y según las teorías de la Narratología, el narratio. 

Como cantaba aquel grupo ochentero: «When the feeling of the people, is the feeling of the band…». La conexión. El sentimiento compartido. Por eso lloramos leyendo novelones, por eso pegamos el salto en la butaca del cine. Porque estamos conectados con la historia. Como E.T. y Elliot.

Pero lo mejor de todo es que no hay que hacer nada, pues es un mecanismo psicológico, sin más. Si lo has hecho bien, has logrado transmitir la emoción que deseabas junto con tu historia, y se producirá esta conexión.

Libro abierto

Los ingredientes de un buen storytelling

Si quieres aplicar el storytelling a tu marca personal, contar a tu audiencia quién eres tú, qué haces y a qué te dedicas, tienes que tener claras un par de cosas: quién eres como marca y qué valores quieres transmitir.

A partir de ahí, has de darle forma a tu información sin «soltar el rollo», sino atendiendo a estos tres elementos:

  • Contexto: el cuándo, el cómo y el lugar de la historia que estás contando.
  • Argumento: la estructura de tu historia: introducción, nudo y desenlace.
  • Tema: el mensaje que quieres comunicar a tu audiencia.

Storytelling aplicado a tu blog

Por lo tanto, en tu blog o web, en tu página «Sobre mí» sin ir más lejos, puedes explicar de varias formas a tu audiencia quién eres, a qué te dedicas, cómo surgió tu pasión o por qué decidiste abrir tu blog o web:

  • en forma de «monografía» al más puro estilo wikipediano.
  • utilizando bullets, flechas y números
  • simplemente,  contarlo en forma de historia. 

Tal y como hemos visto en el apartado anterior, tu propia historia y el hecho de haber llegado hasta el lugar donde estás ahora tiene una explicación. Un argumento, un tema, un contexto… ¡Fabrícate una historia con todos ellos!

Quizás te estés preguntado: «Sí, pero ¿cómo hago eso en la práctica? El martes que viene seguiremos con un ejemplo práctico sobre «Cómo escribir el storytelling para tu blog». ¡Nos vemos el martes!

 

 

 

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