Día 14: ¿Hay que escribir bien para ser blogger?

Llegamos al día 14 y casi al ecuador de este reto de blogging, con un tema un tanto controvertido. Escribir bien si quieres tener un blog. ¿Es imprescindible? Vale, por un lado cae de cajón que es lógico escribir bien si te dedicas a crear contenidos escritos. Pero, por otro, un blogger tampoco tiene por qué ser Hemingway. 

Dia 14_escribir bien

¿Hasta qué punto es importante escribir bien?

En mi caso, yo debería tratar el tema de la gramática con especial cuidado ya que este es un blog centrado en la escritura y además estoy licenciada en Literatura. Pero hoy día existen blogs de todas las temáticas y expertos que desean compartir cualquier tipo de conocimientos especializados.

Yo opino que a nadie debería frenarle el escribir «bien» si le apetece compartir sus conocimientos en internet. Al fin y al cabo, se trata de comunicarse, y lo importante es lograr transmitir tu mensaje. 

A continuación vamos a ver unas cuantas reglas básicas  a tener en cuenta para escribir bien. Teniendo esto en cuenta, ya solo deberás centrarte en el contenido, que es lo que realmente deseas hacer llegar al mundo. 

El uso correcto de la gramática

Las reglas de gramática son las que nos dicen cómo se estructuran las palabras y la forma correcta de unirlas entre sí para formar oraciones. 

Un ejemplo típico de error gramatical sería conjugar mal un verbo, como decir «haiga» por «haya» o «estuvistes» en lugar de «estuviste».

Otro ejemplo típico sería enlazar mal los elementos de las oraciones, como decir «pienso de que» en lugar de «pienso que». 

Este tipo de errores gramaticales se denomina «vulgarismos» no porque seamos vulgares si los cometemos en el sentido de «poco fisnos» sino porque son propios del habla vulgar. Lo cual significa, sin ir más lejos, que hasta podría ser que algunos hablantes utilicen en su vida diaria vulgarismos como copas de pinos a sabiendas, pero es que resulta que así es como se habla en su casa, o en su calle o en su barrio.

Yo depende de con quién esté hablando confieso que digo eso de «vinistes», «vistes», «dijistes» o «estuvistes»… y me suena a gloria bendita, oiga.

Pero cuando escribes, no hay excusa que valga. Los vulgarismos quedan relegados al «habla vulgar» o lo que es lo mismo, el tipo de idioma sin florituras que hablamos en la calle.

Además, hoy día no hay excusa a la hora de corregir vulgarismos, ya que, al menos en WordPress aparecerán subrayados. Y si escribimos los borradores en Microsoft Word ya ni te cuento. En la versión 2016 solo les falta poner un enanito que saque la mano y te dé una bofetada cada vez que te equivocas. Así de controlado lo tienen ya.

La buena ortografía

Otra cosa que hoy día, en el año 2017, ya no tiene excusa. Hoy día cualquier programa de edición de textos te corrige la ortografía, y no solo te pone la marca roja, es que en muchos casos reescribe directamente la palabra mal escrita.

Conviene recordar que la ortografía no solamente abarca aquello de «la b de burro» y reglas por el estilo, sino que se incluyen además las tildes (o sea, los acentos gráficos) y otras cosas tan anodinas como los signos de interrogación y de puntuación, los guiones, los paréntesis, los puntos suspensivos…

Por lo tanto un error ortográfico que todos hemos cometido alguna que otra vez, aunque sea escribiendo un mensajito en el Whatsapp, ha sido el de omitir el signo interrogativo o exclamativo inicial. 

Otro error ortográfico curioso pero relativamente frecuente en el mundo 2.0 son las «comas suspensivas» en lugar de los puntos suspensivos. Pero lo que ya riza el rizo son las «comillas suspensivas», curioso engendro anclado a la cotidianidad.

Total, que no nos dejemos engañar: la ortografía es mucho más que distinguir la b de la v. Y, tanto para cuestiones gramaticales como ortográficas, en caso de duda siempre podemos acudir a la fuente primaria: el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española (RAE). Aquí podemos consultar su diccionario online y también el Panhispánico de dudas, donde se resuelven dudas de índole diversa. 

Una redacción impecable

Hay gente que conoce al dedillo los entresijos de la gramática. Que, bien sea porque tiran del DRAE (Diccionario de la RAE, como acabamos de ver más arriba), porque su libro de cabecera es la Gramática de Antonio de Nebrija o simplemente son tesauros con patas.

Y si controlan un poco de gramática, más fácil todavía es llevar bien el tema ortográfico. Con un poco que le presten atención al corrector y otro poco que pongan de su parte, ya está el tema hecho.

Sin embargo… en algunos casos, esa misma gente que controla de ortografía y gramática escribe MAL. ¿Cómo es posible?

Pues porque otro ingrediente importante para escribir de forma medianamente decente es la buena redacción.

Esto ya es un poco más complicado que el tema de la gramática y la ortografía, pues la RAE todavía no ha inventado un diccionario, ni Microsoft un enanito, que te diga si lo que estás escribiendo está bien redactado o no.

Esto es algo así como los experimentos en la cocina. 

Encuentras una receta que te gusta, te compras todos los ingredientes sin olvidarte ni uno solo, sigues los pasos al pie de la letra… y el plato te sale que no se lo come ni el gato.

Y luego siempre llega algún listo/a que te dice: «Pues si sigues la receta al pie de la letra, tiene que salirte bien el plato. Es que no tiene pérdida.» Y te dan ganas de pegarle un sartenazo, o peor aún, meterle por un embudo el mejunje infecto que te ha salido a ti.

Y es que a veces resulta que tú tienes vitrocerámica y eso de «poner a fuego medio» todavía no lo controlas. O tu horno es una patata y lo de los 180 grados se lo pasa por el forro.

Pues lo mismo sucede con la escritura. Puedes consultar cómo se escriben las palabras o las reglas de prosodia, pero el enlazarlas unas con otras para crear un texto que los demás quieran leer solo depende de ti. Podríamos estar hasta mañana hablando de técnicas de redacción, pero creo que el tema se merece uno o varios posts aparte.

De momento vamos a mencionar tres elementos indispensables para redactar bien: la claridad, la coherencia y la cohesión.

:: Claridad

Parece que cae de cajón, pero no siempre es así. Si no, no existirían las greguerías de don Ramón Gómez de la Serna. Se supone que escribimos para que los demás nos entiendan. Este es el objetivo final, por encima de cualquier otra cosa. Mantengamos siempre en mente que el mensaje tiene que ser sencillo y directo.

:: Coherencia

Esto viene a ser no mezclar churras con merinas. Sobre todo, si estamos hablando de churras, primero acabar de hablar de las churras para ponernos a hablar de las merinas. Si no, estaremos divagando, y no todo el mundo es capaz de seguir nuestras asociaciones mentales.

:: Cohesión

Para lograr que el texto tenga sentido, también tenemos que unir las ideas de forma lógica entre sí. En esto consiste la cohesión, es como el pegamento o el cemento que une las frases del texto formando un todo lógico.

Para ello viene bien dividir los textos en párrafos, ponerles títulos y subtítulos… De esta forma, estamos separando las diferentes ideas del tema que exponemos, pero siguen siguiendo un orden lógico.

Por ejemplo, los textos suelen dividirse en introducción, desarrollo y conclusión.

Además, también se utilizan los llamados conectores para poner orden a las diferentes ideas: «En primer lugar…», «Sin embargo…», «Por otro lado…».

Podríamos seguir así hasta mañana, pero ya para terminar os diré que esto de escribir no deja de ser como cualquier otra destreza: de nada nos sirve tirarnos medio año leyendo las instrucciones de nuestra nueva cámara fotográfica, o ver vídeos en YouTube de técnicas para patinar sobre el hielo. Saca la cámara, ponte los patines. Es la única manera.

Por lo tanto, nadie debe frenarse a la hora de escribir por miedo a cometer errores: revisa tu gramática y tu ortografía, y cuida tu redacción. Como ya he dicho, tampoco te hace falta ser un premio Nobel. Lo importante es enviar tu mensaje y hacerte entender. ¡Ponte a escribir ya! Es la mejor garantía de aprender a hacerlo bien.

 

 

 

 

 

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